CIRCULACION


La circulación se ha convertido en una irritante carrera de obstáculos; por todas partes nos vamos encontrando problemas al circular, que tenemos que ir sorteando como podemos. Pero también se ha creado una cultura de la conducción, errónea. Detrás quedan rápidamente los consejos de prudencia, paciencia y cortesía que nos inculcan en la autoescuela.
La velocidad es uno de los males de esta nuestra era de las comunicaciones; la máxima es de 120 kilómetros por hora. Pocas veces se respeta. Estoy harto de ir a ciento veinte y ver como me pasan coches como un rayo, a ciento setenta o ciento ochenta por lo menos. Las campañas de concienciación no sirven para nada; aquí lo que habría que hacer es fabricar coches cuya velocidad no pasara de los 120. Bueno, ya puestos, que no pasara de setenta kilómetros por hora. Íbamos a reducir el stress y, por supuesto, el 99,99 por ciento de los accidentes. Vale, quizás los accidentes no, pero sí las victimas; no es lo mismo a 200 por hora que a 70 por hora.
Hecho esto de la velocidad, quedarían en segundo plano el problema de las bebidas, las drogas y la conducción temeraria, pero vamos, que esto se resolvería con más, muchos más controles. Conozco en mi pueblo la típica zona de “la movida”; pues bien, pasadas las doce de la noche, control en todas las salidas del pueblo. Si el tío ha bebido y a las cuatro de la mañana coge el coche con cuatro más como cubas como él y dicen de ir a un pueblo vecino a redondear la fiesta, que se encuentre a la salida del pueblo con un control que le quite las llaves del coche. Habrán salvado su vida y la de otros que pudieran verse implicados.
No hay paciencia para conducir; la gente quiere la preferencia y el derecho siempre. Si vas a incorporarte en una autovía y te detienes, el que está detrás te pita porque quiere que te metas y da por hecho que el que viene por el carril de la derecha se pasará al de la izquierda para dejarte paso. Si eres tú el que vas por la autovía el que va a incorporarse se mete sin importarle que vayas por el carril de la derecha, dando por hecho que le dejarás paso. Si alguien te adelanta cuando ve a lo lejos un coche de frente da por hecho que tu tienes que frenar para dejarle hueco delante tuya; en fin, hay una cultura de la conducción completamente errónea que nos da como resultado las trágicas cifras de muertos en la carretera año tras año.
Por si fuera poco todo esto, nuestras autoridades han contribuido a esta agilidad sembrando el país de rotondas; por lo visto es mejor una rotonda que un semáforo, para dar “agilidad y rapidez” a la conducción. La rotonda de por sí es un peligro en potencia, pero que se agrava aún más porque la gente, al parecer, no sabe quien tiene preferencia en las rotondas. Muchos creen que la vía principal tiene preferencia; entonces vienen a toda velocidad y si tú te metes, porque la rotonda está libre, encima te pitan para echarte la bronca.
La prudencia brilla por su ausencia en las carreteras; he visto pasar delante de mi, camiones y coches a cerca de doscientos por hora, mientras cae una tromba de agua impresionante. Increíble.
En fin, lo de la conducción es un tremendo lío, y va siendo hora de que alguien le ponga freno antes de que se convierta en una jungla salvaje, para lo cual, no falta mucho.
Por cierto, eso que dice reiteradamente el ministro de turno, sea del partido que sea, de que solo hay una minoría que enturbia la conducción y las carreteras es mentira; hay una mayoría. Es la dichosa manía de los políticos de no llamar a las cosas por su nombre, cuando todos estamos viendo la cruda realidad del salvajismo que hay en nuestras carreteras; y el carnet por puntos no vale, es demasiado blando, como blandas son las multas que se ponen a ciertos infractores, pillados infraganti y cometiendo la barbaridad a conciencia, como esos tíos que corrían por España con coches de lujo a mas de doscientos por hora. Los paraban, les ponían la multa, se sacaban un fajo de billetes de quinientos euros, pagaban con una sonrisa burlona y hala, a seguir corriendo poniendo en riesgo las vidas de los demás.
No hombre no, a esos tíos había que pararlos y no ponerles ninguna multa; basta con decirles: “Ya pueden seguir, señores; pero a pie. Sus coches y sus carnets se los queda el Estado un par de meses, para que así aprendan ustedes a respetar las señales de tráfico; y esto por ser la primera vez; a la segunda, se quedan ustedes sin vehículo y carnet un par de años y a la tercera lo pierden para siempre.”

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